sábado, 26 de mayo de 2012

Para Ana Gaviera en el aniversario de la Guerra de las Galaxias


Lo conocí en la antigua carretera nacional de Barcelona, a las afueras de Alcalá de Henares. Mientras hacía tiempo me senté a la sombra de un chopo arrugado que había sobrevivido a la ampliación del carril  de servicio,  a leer un libro, que llevaba siempre en mi bolsa de plástico de El Corte Inglés. De vez en cuando levantaba la cabeza y empequeñecía mis ojos para mirar al sol un segundo. Al volver al papel las páginas se llenaban de esquirlas verdes y amarillas que jugueteaban sin sentido con las palabras. Escuché un ruido detrás de mí y me giré. Se acercaba alguien con andar cansino. Guardé el libro y me coloqué el cuello de la camisa. Cuando se paró a mi altura me saludó y me preguntó si podía sentarse a descansar un rato. Dije que sí y le hice un hueco a mi lado retirando la bolsa. Estuvo unos minutos sin decir nada y lo observé de reojo. Era extraño pero no me preocupaba. No podría decir ahora cómo era su rostro porque la luz era muy  intensa y hubiera sido una descortesía por mi parte ponerme la mano como visera y mirarlo fijamente a la cara. Vestía totalmente de negro, pantalones, camisa, botas  y  un  guardapolvos que a mi entender era exagerado para la temperatura que había. Lo primero que dijo fue que no tuviera miedo y que por favor no le mirara a la cara. Continuó diciendo que agradecía el gesto después de lo que había pasado entre nosotros. Un escalofrío recorrió mi cuerpo pero no era la primera vez que me pasaba. Quise preguntarle pero me frenó con un gesto elegante de su mano para continuar hablando. Sólo unos segundos, después me iré. Mi nombre es  Anakin y nací en Tatooine. He servido como Jedi recorriendo galaxias y he tenido un poder inimaginable para  cualquier ser humano sirviendo al emperador Palpatine. He defendido La República y el lado oscuro. La luz y la oscuridad me han enseñado. Ambas son necesarias para el equilibrio. Su voz serena viajaba hasta mis oídos y producía un eco metálico en mi pecho. Le costaba respirar e inclinó la cabeza. Ahora necesito oír tus palabras para concederme el perdón y el descanso. No sabía qué hacer ni qué decirle. Todo era extraño pero no sentía miedo. Le cogí de la mano sin mirarlo y en aquella carretera ardiente de mediodía susurré: si es lo que buscas yo te perdono Anakin y que la fuerza te acompañe. Un Ford Escort negro se detuvo a nuestra altura, llevaba la ventana bajada y la música de Camela invadió el lugar. Solté su mano y me acerqué al conductor. Hablamos unos segundos, dudé y miré a Anakin, pero ya no estaba. Me subí al coche y por el retrovisor lo vi alejarse. Mientras la Estrella de la Muerte aceleraba apoyé la cabeza en el asiento y me alisé la falda.          

6 comentarios:

Marisa dijo...

Hola, qué alegría leerte por aquí.

Un abrazo.

Óscar Santos Payán dijo...

un abrazo para ti, MARISA

Maria Z. dijo...

Me encantò mucho el final inesperado de este relato.Bellsima la narrativa y optimo el post.Un abrazo.Maria Z.

Anónimo dijo...

Gracias María Z. Un abrazo

Anónimo dijo...

No sé por qué al enviar las gracias sale anónimo. Soy yo. ¨¨oscar

::paryania:: dijo...

Me pregunto hacia dónde se dirigirán ahora los pasos de Anakin.

Un placer leerte. Saludos.