Cuando tengo el corazón lleno de tierra me rozan las camisas, por eso no me gusta mi trabajo, por eso y porque mi trabajo es una zanja enorme llena de cadáveres que piensan que están vivos. Quizá yo estoy muerto también y mi paranoia es pensar que soy único en esta trinchera en descomposición. Mi trabajo consiste en convertir lo malo que sucede en una realidad mentirosa. Me explico, quitar un poco de tierra con una pala mientras un remolque descarga diez mil toneladas en el lugar que acabo de vaciar. Quisiera ir desnudo, así sería más fácil llegar a casa y ducharme, dormir limpio, aún sabiendo que al día siguiente volvería a inundarse mi corazón. Tener tierra en el corazón por eso se sobrelleva, lo peor es la tierra en la garganta, en los ojos, en los pulmones y el estómago, tierra en las venas y en el sexo por cosas que no dependen de mí. Esas sólo se alivian en presencia de personas vivas, estrellas que orbitan en mi apocalíptica galaxia. Por eso, alguna vez, cuando mi elipsis se desconfigura, mi cuerpo se llena con restos de asteroides, convirtiéndolo en uno de los lugares más desolado del mundo. Si no fuera por mis estrellas, este texto sólo sería el hall de mi tormenta.
viernes, 24 de mayo de 2013
jueves, 11 de abril de 2013
SANGRE, DOLOR Y MUERTE
Deben ser las seis horas diarias de radio, ese
Olimpo desde donde se divisa con suficiencia a los simples mortales. Es lo que
tiene el micrófono, altar y parapeto para poder decir lo que a uno le venga en
gana sin nadie que nos frene ¿Se imaginan que cada español tuviera un programa
de radio? No, es sólo para los elegidos, que en vez de informar escupen
discursos y soflamas para enaltecer a quien les paga. En muchos casos esa
actitud les lleva a la arrogancia y chulería, que acaba convirtiéndose en
tontuna rancia, a estar por encima del bien y del mal, a dictar sentencias. Eso
es lo que le ha pasado al sevillano radiofónico Carlos Herrera. Se le han
subido a la cabeza las faenas, siendo un tipo mediocre y no habiendo cortado ni
una sola oreja en su engominada vida.
Y todo esto viene a colación de un pregón, a su
medida, que el señorito andaluz dio en el teatro Lope de Vega de Sevilla, para
la apertura de la feria taurina, y que al parecer le confía, desconozco si
todos los años, la Real Maestranza. En este pregón, el matador de las ondas debió
sentirse tan a gusto, jaleado y crecido, defendiendo el “noble” arte de la
Tauromaquia, que decidió faltar el respeto e insultar a todos aquellos que no
lo defienden y que están en contra de su postura. Eso sí, sin enemigo presente,
un gesto muy torero. Y fueron insultos gruesos que no voy repetir aquí pero que
pueden leer en el diariodesevilla.es. Qué culto e inteligente el afamado
periodista, el insulto como defensa.
Mire don Carlos, yo nací en Salamanca, por suerte
o por desgracia. Tierra de toros y encinas. Viví muy de cerca el mundo del
toro, de hecho mi abuelo fue presidente, muchos años, de la peña de Santiago
Martín “El Viti” y amigo íntimo de éste. Por cierto, mi abuelo dijo siempre que
su Curro Romero no le llegaba ni a la suela de la manoletina a Su Majestad (No
se me enfade, son cosas de Castilla) Viví capeas y becerradas, naturales y verónicas,
y también me cegaba el brillo de la luz del sol jugueteando con los alamares.
Viví ese campo y esa belleza de la que hablan. Y fui creciendo, creciendo don
Carlos. Dándome cuenta de que tenía sentimientos contradictorios, porque donde me
parecía ver belleza empezaba a ver dolor, crueldad y muerte. Dolor, crueldad y
muerte. Lo repito en el texto no como juego literario, es para explicarme bien
y que usted lo entienda. Sé que el debate es más profundo por muchos motivos,
pero cualquier persona sensible y con sentido común no estaría nunca de su
parte. Habrá que esperar a que la mayoría decida, esas son las reglas, aunque venimos
de donde venimos y a muchos se les ha quedado el tufo de esa España tan gris,
rancia, católica y taurina, que por cierto, este gobierno parece recuperar a
marchas forzadas.
Donde ustedes ven belleza y arte ancestral hay
sangre, dolor y muerte. Y si para que haya belleza hace falta ser cruel que se muera
su belleza.
En fin, siga usted siendo tan altivo, arrogante y
maleducado, es una combinación perfecta para la educación de los niños.
martes, 9 de abril de 2013
MUERTOS o MUERTES DE RISA
Una hora antes de la apertura y ya estaba en su puesto de trabajo esperando el primer cliente, como había hecho en los últimos diez años. La corbata ajustada con un nudo perfecto y las gafas limpias, con más luz que la mañana. Sus compañeros tardarían en llegar. Los últimos días había notado que su jefe estaba muy receptivo, incluso había llegado a sonreír después de un inteligente comentario suyo. No estaba nervioso. Era un clamor popular, silencioso, eso sí, lo de su ascenso. Sesenta euros más al mes y la posibilidad de detenerse en el pasillo y observar, por encima de los muebles, el baile de plumeros. En el mismo instante que la puerta se abría, resbalando por un carril imaginario, su jefe se acercó y le susurró algo al oído. Entonces salió a la calle, respiró hondo, se encendió un cigarrillo y sonrió. Comenzó a caminar y a reírse, luego más fuerte, sin parar, a carcajada limpia, hasta que llegó a la puerta de la oficina de empleo.
viernes, 15 de febrero de 2013
Mientras colocaba, apretando sin misericordia el lomo de "La sombra del viento", una señora del barrio, de unos trescientos años, que llevaba abrigo de piel con pegatina de la cruz roja me preguntó.
- No nos queda, señora.
- ¿Ninguno?
"No quedan significa que no hay nada, cero. ¿Qué es lo que no ha entendido, señora mayor e imbécil?"
- No, ninguno, pero lo están reeditando, no se preocupe, estará en un par de semanas.
- ¿Entonces no queda ninguno?
"No, pero yo se lo escribo en un momento, y le hago las pastas con cartón duro de embalar y si quiere se lo envuelvo para regalo"
- Ya le he dicho que no.
- ¿Y no podría mirar en el almacén?
"¿Por qué da por hecho que hay un almacén? ¿Por qué? ¿Es que no se fía de mí? ¿Qué quiere? ¿Quiere que baje a sabiendas de que no hay y después de un rato suba sudando y con un corte en la mano por los filos de las estanterías de chapa? No, señora. No queda ni un puto libro de esa tal Samanta, y si lo hubiera lo escondería o me lo metería por el culo antes de que usted se lo lleve a su asquerosa casa"
- En el almacén tampoco quedan.
- Pues que pena. Es que conozco mucho a sus padres bueno y a sus suegros y quería regalárselo a una amiga que hoy cumple años y hemos quedado para comer en El Barril ya sabe picar un poco unas ostras unas gambas y mi hijo es médico en el Ramón y Cajal y mi nuera tiene una empresa de ordenadores y cistitis por eso hoy no puede recoger a los niños y mi marido se murió sin conocer a sus nietos y llevo toda la vida comprando libros aquí y el padre del dueño era íntimo amigo de mi marido que se murió sin querer el pobre y estaba sano como un roble pero el corazón ya sabe no tendrá "las brasas de Ángela" o algo así.
- No me suena, quizá "Las cenizas de Ángela"
- Pues eso, lo que le había dicho.
- Pase por aquí, señora.
- Lo voy a pagar en efectivo ¿cuánto es?
- Ahora se lo digo.
- Dígame cuánto es.
- Ahora se lo digo.
- Dígame duánto es, si hace el favor.
"Padre nuestro que estás en lo cielos..."
La casualidad es como la naturaleza, obra sin maestros. Pocos días después, Samanta, la autora del libro que buscaba la momia y que era mi vecina, por una casualidad tan grande como el impacto de un meteorito en el centro de Badajoz, se presentó en la tienda.
- Hey, hola ¿trabajas aquí? "No, estoy comprando también con este traje corporativo y una chapa con mi nombre"Me puse rojo, o no, e intenté hacerme pequeño torciendo mucho los pies para meterme en el libro que tenía en las manos, aunque desheché la idea para no acabar tiroteado, en una calle de Portlan, por el detective Parker- No lo sabía, de hecho compro mucho aquí, qué bien ¿no?
"Qué bien ¿no? ¿Qué significa? ¿Bien para ti, para mí?"
- Así es, aquí trabajo, pero no te había visto nunca.
- Debe ser que no estás cuando he venido o estabas en el almacén.
Otra vez el puto almacén ¿pero quién lo va contando por ahí?
- Puede que hayas venido y estuviera librando o que pillara el otro turno.
- Claro, debe ser eso. Bueno, siempre me atienden muy bien, pero sabiendo que estás tú.
- Pues a partir de ahora ya sabes, aquí me tienes. ¿Y qué necesitas?
Mientras hablaba tocaba todos los libros de la estantería.
- Estaba buscando "Poeta en Nueva York"de Lorca y "Cuaderno de Nueva York" de José Hierro.
- ¡Qué buena elección! - Dije sonriendo
- ¿Los cocnoces?- La pregunta me ofendió tanto que al mirarla se me apareció Rita Barberá en bikini y tuve tres o cuatro arcadas. Antes de que pudiera contestar se dio cuenda de su metedura de pata- Quería decir que es una sorpresa porque no hay mucha gente que los conozca.
- Sí, claro, no te preocupes, es lo que tiene trabajar en una librería y que te guste la lectura. Además son dos de mis libros preferidos.
- ¿De verdad? ¿Te gusta la poesía? - Preguntó con la voz muy bajita y acercándose mucho.
- Sí, me gusta
- ¿Pero lo que más lo que más?
Seguía acercándose así que pensé que si le decía varias veces lo que más lo que más me besaría.
- Pues sí, lo que más.
- ¡Qué bien!- dijo apartándose de repente - A tomar por culo, pensé- ¿Y de los dos con cuál te quedas?
- Con Lorca, sin desmerecer a Hierro.
- Yo también- acto seguido comenzó a declamar- La aurora de Nueva York tiene cuatro columnas de cieno y ...- Puse la palma de mi mano cerca de su boca y dije:
- Un huracán de negras palomas que chapotean las aguas podridas.
Noté una luz en sus ojos. Estaba sorprendida. Yo noté un escalofrío en mi cuerpo, como si alguien me hubiese recorrido la columna vertebral con un rayador de queso.
- Es difícil dar con alguien así- Dije
- Lo mismo digo.
- Por cierto, leí tu libro de poemas.
- Ahora me vas a ruborizar, déjalo.
Falsedad. Los poetas necesitan que alguien les regale los oídos a todas horas.
- No, no, de verdad, me gustó mucho- Al terminar de decirlo sentí que caía por un tobogán a un mar donde flotaban todas las mentiras del mundo.
- ¿En serio?
- Pues claro.
- ¿No lo dices por cumplir?
- No tengo ninguna necesidad.
- Es que yo no estoy muy contenta.
- Imagino que uno nunca termina de estar a gusto con lo que escribe. Pero en tu caso es verdad, es una poesía muy fresca, un canto al yo, un laberinto de espejos.
- No sigas porque me parece exagerado.
- Pues no lo es. La novela no la he empezado.
- ¿Tienes mis dos libros?
- Sí.
- Pero bueno...
- Me los recomendó un amigo- Ahora me ahogaba en el embuste.
- Me dejas de piedra y acalorada- Miró su reloj - Qué tarde es. Me llevo los dos libros.
Al terminar de pagar me tendió la mano.
- Espero verte la próxima vez que venga.
- O en el portal abriéndote la puerta, muchas gracias.
- Ciao
- Ciao - Contesté, mientras se alejaba y me llevaba la mano a la nariz para esnifar "Escale à Portofino de Dior"
- No nos queda, señora.
- ¿Ninguno?
"No quedan significa que no hay nada, cero. ¿Qué es lo que no ha entendido, señora mayor e imbécil?"
- No, ninguno, pero lo están reeditando, no se preocupe, estará en un par de semanas.
- ¿Entonces no queda ninguno?
"No, pero yo se lo escribo en un momento, y le hago las pastas con cartón duro de embalar y si quiere se lo envuelvo para regalo"
- Ya le he dicho que no.
- ¿Y no podría mirar en el almacén?
"¿Por qué da por hecho que hay un almacén? ¿Por qué? ¿Es que no se fía de mí? ¿Qué quiere? ¿Quiere que baje a sabiendas de que no hay y después de un rato suba sudando y con un corte en la mano por los filos de las estanterías de chapa? No, señora. No queda ni un puto libro de esa tal Samanta, y si lo hubiera lo escondería o me lo metería por el culo antes de que usted se lo lleve a su asquerosa casa"
- En el almacén tampoco quedan.
- Pues que pena. Es que conozco mucho a sus padres bueno y a sus suegros y quería regalárselo a una amiga que hoy cumple años y hemos quedado para comer en El Barril ya sabe picar un poco unas ostras unas gambas y mi hijo es médico en el Ramón y Cajal y mi nuera tiene una empresa de ordenadores y cistitis por eso hoy no puede recoger a los niños y mi marido se murió sin conocer a sus nietos y llevo toda la vida comprando libros aquí y el padre del dueño era íntimo amigo de mi marido que se murió sin querer el pobre y estaba sano como un roble pero el corazón ya sabe no tendrá "las brasas de Ángela" o algo así.
- No me suena, quizá "Las cenizas de Ángela"
- Pues eso, lo que le había dicho.
- Pase por aquí, señora.
- Lo voy a pagar en efectivo ¿cuánto es?
- Ahora se lo digo.
- Dígame cuánto es.
- Ahora se lo digo.
- Dígame duánto es, si hace el favor.
"Padre nuestro que estás en lo cielos..."
La casualidad es como la naturaleza, obra sin maestros. Pocos días después, Samanta, la autora del libro que buscaba la momia y que era mi vecina, por una casualidad tan grande como el impacto de un meteorito en el centro de Badajoz, se presentó en la tienda.
- Hey, hola ¿trabajas aquí? "No, estoy comprando también con este traje corporativo y una chapa con mi nombre"Me puse rojo, o no, e intenté hacerme pequeño torciendo mucho los pies para meterme en el libro que tenía en las manos, aunque desheché la idea para no acabar tiroteado, en una calle de Portlan, por el detective Parker- No lo sabía, de hecho compro mucho aquí, qué bien ¿no?
"Qué bien ¿no? ¿Qué significa? ¿Bien para ti, para mí?"
- Así es, aquí trabajo, pero no te había visto nunca.
- Debe ser que no estás cuando he venido o estabas en el almacén.
Otra vez el puto almacén ¿pero quién lo va contando por ahí?
- Puede que hayas venido y estuviera librando o que pillara el otro turno.
- Claro, debe ser eso. Bueno, siempre me atienden muy bien, pero sabiendo que estás tú.
- Pues a partir de ahora ya sabes, aquí me tienes. ¿Y qué necesitas?
Mientras hablaba tocaba todos los libros de la estantería.
- Estaba buscando "Poeta en Nueva York"de Lorca y "Cuaderno de Nueva York" de José Hierro.
- ¡Qué buena elección! - Dije sonriendo
- ¿Los cocnoces?- La pregunta me ofendió tanto que al mirarla se me apareció Rita Barberá en bikini y tuve tres o cuatro arcadas. Antes de que pudiera contestar se dio cuenda de su metedura de pata- Quería decir que es una sorpresa porque no hay mucha gente que los conozca.
- Sí, claro, no te preocupes, es lo que tiene trabajar en una librería y que te guste la lectura. Además son dos de mis libros preferidos.
- ¿De verdad? ¿Te gusta la poesía? - Preguntó con la voz muy bajita y acercándose mucho.
- Sí, me gusta
- ¿Pero lo que más lo que más?
Seguía acercándose así que pensé que si le decía varias veces lo que más lo que más me besaría.
- Pues sí, lo que más.
- ¡Qué bien!- dijo apartándose de repente - A tomar por culo, pensé- ¿Y de los dos con cuál te quedas?
- Con Lorca, sin desmerecer a Hierro.
- Yo también- acto seguido comenzó a declamar- La aurora de Nueva York tiene cuatro columnas de cieno y ...- Puse la palma de mi mano cerca de su boca y dije:
- Un huracán de negras palomas que chapotean las aguas podridas.
Noté una luz en sus ojos. Estaba sorprendida. Yo noté un escalofrío en mi cuerpo, como si alguien me hubiese recorrido la columna vertebral con un rayador de queso.
- Es difícil dar con alguien así- Dije
- Lo mismo digo.
- Por cierto, leí tu libro de poemas.
- Ahora me vas a ruborizar, déjalo.
Falsedad. Los poetas necesitan que alguien les regale los oídos a todas horas.
- No, no, de verdad, me gustó mucho- Al terminar de decirlo sentí que caía por un tobogán a un mar donde flotaban todas las mentiras del mundo.
- ¿En serio?
- Pues claro.
- ¿No lo dices por cumplir?
- No tengo ninguna necesidad.
- Es que yo no estoy muy contenta.
- Imagino que uno nunca termina de estar a gusto con lo que escribe. Pero en tu caso es verdad, es una poesía muy fresca, un canto al yo, un laberinto de espejos.
- No sigas porque me parece exagerado.
- Pues no lo es. La novela no la he empezado.
- ¿Tienes mis dos libros?
- Sí.
- Pero bueno...
- Me los recomendó un amigo- Ahora me ahogaba en el embuste.
- Me dejas de piedra y acalorada- Miró su reloj - Qué tarde es. Me llevo los dos libros.
Al terminar de pagar me tendió la mano.
- Espero verte la próxima vez que venga.
- O en el portal abriéndote la puerta, muchas gracias.
- Ciao
- Ciao - Contesté, mientras se alejaba y me llevaba la mano a la nariz para esnifar "Escale à Portofino de Dior"
lunes, 4 de febrero de 2013
TE PROMETO UN IMPERIO
Empezaré por decir que la novela histórica no está entre mis preferencias literarias. Las he leído y disfrutado pero me asustan los libros gruesos. Quizás porque los he padecido físicamente. Quiero decir que me han maltratado. Un libro grande cayendo de una estantería a dos metros de altura, un libro grande ocupando mi mesilla ante la imposibilidad de transportarlo todos los días, en fin, un poco de miedo y un poco de broma. Sin embargo, he de decir que uno de mis libros preferidos, también es verdad que tengo muchos, es "Memorias de Adriano" de Marguerite Yourcenar. Y toda esta charla introducción para decir que he leído un libro que me ha hecho disfrutar mucho. Su título " Te prometo un imperio" de Juan Vilches, publicado por Plaza & Janés. Sí, es una novela histórica con todos los ingredientes.Tiene calidad y gusta, tiene misterio y atrapa y tiene amor que seduce. Ingredientes que combina en una historia real que desconocía, la historia de Eduardo VIII, el duque de Windsor y su esposa americana Wallis Simson. Hay en la madeja (primera acepción de la RAE) literaria de Vilches un montón de páginas hilo muy brillantes, que nos colocan en situaciones, lugares, fechas, en definitiva, tramas de un valor literario poco frecuentado por muchos de los novelistas históricos que posan para la eternidad en infinidad de suplementos y revistas culturales. Hay en esta historia un hilo de belleza que termina convirtiendo "Te prometo un imperio" en una pieza bien cosida y elegante, para cualquier pasarela, lugar y temporada, como esos libros que sobreviven a su autor. Además, Juan Vilches es un buen tipo, sencillo y culto, lo que añade más valor, si cabe, a esas páginas que han logrado arrastrarme de nuevo a la novela histórica como en su día lo hizo para la novela negra John Connolly y su detective Charlie Parker. Prometo, la próxima vez que coincidamos, renegar del deporte rey y deleitarme con sus palabras. Esto último es sólo un apunte para Juan. Enhorabuena.
lunes, 28 de enero de 2013
Félix me dijo: sigue con tu historia
...¿Eres chileno de chile?
- ¿Es que hay chilenos que no son de Chile?
- ¡No! Perdóname, qué idiota, ha sido un lapsus
- No pasa nada, aunque si lo pensamos seguro que los hay
-¿Sí?
No sé si lo preguntaba por seguirme la corriente o por satisfacerme para poder besarme. El único inconveniente es que era un hombre, y yo también, y no me apetecía mucho, bueno, ni mucho ni poco, todavía. Aunque en el pasado, no recuerdo cuántos años tenía, puede que quince, había dudado de mi sexualidad por culpa de un rubio blanquecino en un campamento, en aquel momento tenía claro que no me apetecía besar a aquel hombre que tenía enfrente.
- Lo decía en broma
-¿Entonces no eres chileno?
- No, no lo soy, lo digo a veces porque he leído tanto a Neruda que a veces me lo creo
-¿Neruda?
-Sí, Pablo.
- Ya, ya, lo conozco, claro que lo conozco pero no he leído nada de él, he visto la peli
-No pasa nada, hay mucha gente que no ha viajado a la luna.
- ¡Claro! - Dijo soltando una carcajada- ¿Y a qué te dedicas?
- Soy ebanista- Contesté
- ¿Ebanista? ¡Qué fuerte! Eso ya no se lleva ¿no?
Me mata el ¿no? No puedo con el ¿no? Era una broma, soy apicultor, astronauta, terrorista, ministro de fomento... Daba igual lo que le hubiera dicho, se lo hubiera tragado y seguiría preguntando. Puse una cara rara, como si de repente la lepra y el ébola hubieran anidado en mi rostro, pero no se descompuso.
- ¿Y tienes un taller o trabajas para una empresa?
- Tengo un taller propio
- ¿Y haces todo tipo de muebles?
- No, me dedico a las imágenes
- ¿Imágenes?
- Religiosas - Afirmé
- ¡Jo chaval! - Dijo, golpeándome el muslo ligeramente
Se inclinó para susurrame algo, como si el vagón estuviera lleno, y yo me acerqué siguiéndole el juego.
- Imágenes religiosas, qué fuerte.
- Religiosas y no tan religiosas
- ¿A qué te refieres?
- ¿Por qué susurras?
- Porque me da cosa hablar en alto
- ¿Qué cosa te da? No hay nadie en el vagón
- Me da cosa hablar de la iglesia
Quise preguntarle por qué le daba tanta cosa hablar de la iglesia con aquellas calaveras pintadas en las uñas de sus pies, aunque no lo hice.
- Bueno ¿qué es eso de no tan religiosas?
- Hago imágenes para todo tipo de empresas. Hace poco he terminado una pieza de tres metros como bajando del cielo.
- ¿Una vírgen?
- No, una puta, para un puti-club que hay a las afueras de Valencia. Se llama "Vírgen-Cita"
Se tapó la boca y después profirió diecisiete veces jo tío sin dejar de balancearse. Se acercó de nuevo y me acarició con un sutil golpecito el ligamento lateral de mi rodilla izquierda.
- Estás como una cabra ebanista.
- ¿Es que hay chilenos que no son de Chile?
- ¡No! Perdóname, qué idiota, ha sido un lapsus
- No pasa nada, aunque si lo pensamos seguro que los hay
-¿Sí?
No sé si lo preguntaba por seguirme la corriente o por satisfacerme para poder besarme. El único inconveniente es que era un hombre, y yo también, y no me apetecía mucho, bueno, ni mucho ni poco, todavía. Aunque en el pasado, no recuerdo cuántos años tenía, puede que quince, había dudado de mi sexualidad por culpa de un rubio blanquecino en un campamento, en aquel momento tenía claro que no me apetecía besar a aquel hombre que tenía enfrente.
- Lo decía en broma
-¿Entonces no eres chileno?
- No, no lo soy, lo digo a veces porque he leído tanto a Neruda que a veces me lo creo
-¿Neruda?
-Sí, Pablo.
- Ya, ya, lo conozco, claro que lo conozco pero no he leído nada de él, he visto la peli
-No pasa nada, hay mucha gente que no ha viajado a la luna.
- ¡Claro! - Dijo soltando una carcajada- ¿Y a qué te dedicas?
- Soy ebanista- Contesté
- ¿Ebanista? ¡Qué fuerte! Eso ya no se lleva ¿no?
Me mata el ¿no? No puedo con el ¿no? Era una broma, soy apicultor, astronauta, terrorista, ministro de fomento... Daba igual lo que le hubiera dicho, se lo hubiera tragado y seguiría preguntando. Puse una cara rara, como si de repente la lepra y el ébola hubieran anidado en mi rostro, pero no se descompuso.
- ¿Y tienes un taller o trabajas para una empresa?
- Tengo un taller propio
- ¿Y haces todo tipo de muebles?
- No, me dedico a las imágenes
- ¿Imágenes?
- Religiosas - Afirmé
- ¡Jo chaval! - Dijo, golpeándome el muslo ligeramente
Se inclinó para susurrame algo, como si el vagón estuviera lleno, y yo me acerqué siguiéndole el juego.
- Imágenes religiosas, qué fuerte.
- Religiosas y no tan religiosas
- ¿A qué te refieres?
- ¿Por qué susurras?
- Porque me da cosa hablar en alto
- ¿Qué cosa te da? No hay nadie en el vagón
- Me da cosa hablar de la iglesia
Quise preguntarle por qué le daba tanta cosa hablar de la iglesia con aquellas calaveras pintadas en las uñas de sus pies, aunque no lo hice.
- Bueno ¿qué es eso de no tan religiosas?
- Hago imágenes para todo tipo de empresas. Hace poco he terminado una pieza de tres metros como bajando del cielo.
- ¿Una vírgen?
- No, una puta, para un puti-club que hay a las afueras de Valencia. Se llama "Vírgen-Cita"
Se tapó la boca y después profirió diecisiete veces jo tío sin dejar de balancearse. Se acercó de nuevo y me acarició con un sutil golpecito el ligamento lateral de mi rodilla izquierda.
- Estás como una cabra ebanista.
lunes, 14 de enero de 2013
LIBROS
Para qué seguir escribiendo y amontonando folios en carpetas y cajones, anotando palabras y frases en libretas de diseño o en servilletas de cualquier bar. Para qué, yo lo que quiero es leer, esconderme y leer. Y digo esto porque cuanto más leo más necesidad tengo por olvidarme de escribir. Es una ecuación inversamente proporcional, pura matemática. Tengo que dejar de escribir y de fumar. Tengo que leer. Para qué seguir escribiendo cuando ya hay miles de libros que enamoran desde la tapa, que enganchan con una furia salvaje, acarician, besan, aman, sodomizan, prostituyen, esclavizan... En fin, podría enumerarlos por los siglos de los siglos, por autores y generaciones, por románticos y drogadictos pero no lo voy a hacer. Sólo voy a citar tres libros y tres autores que me animan a dejar de escribir. Del primero ya se ha hablado mucho en la red y no voy a descubrir nada, porque hay tipos y tipas mucho más duchos que yo en esas lides de la crítica literaria. Hablo desde mi punto de vista, de lector empedernido, alcoholizado por el olor de los libros, callejero y con nómina de grandes almacenes. El primero, como antes dije, es EL SUEÑO DE VISNU del escritor DAVID MEZA editado por EL GAVIERO EDICIONES. Este poemario es la hostia, perdón por la expresión, pero así se definen muchas cosas en una sola palabra, ya sé, podría decir que es increíble, fantástico, innovador... que lo es, pero utilizo la otra expresión porque es de barrio, porque el SUEÑO DE VISNU es belleza, palabra pura, imaginación, frescura, cuerpo de Cristo. Un poemario escrito desde un lugar no conocido, desde otra galaxia, desde una altura que divisa lo mortal e inmortal y lo entremezcla, y lo sueña y lo sirve en palabras como una ecuación de Einstein o de Feynman, como gol de Messi en la escuadra de la Capilla Sixtina. Tengo que dejar de escribir. El segundo y también de la misma editorial es MI PADRE Y YO UN WESTERN de JUAN MANUEL GIL. Colección deliciosa esta SERIE B y este pequeño libro que imita a aquellos que se estrujaban en las estanterías de nuestros pescadores, maquinistas, albañiles, carpinteros...señores padres, que leían a sudor y olían a Roberto Alcázar y Pedrín. Un libro, este western, que destila sentido del humor, desbordando el tiempo de su lectura, un humor lleno de disfraces, tan necesario en los tiempos que corren, tan lúcido, tan lleno de ternura, humildad, ingenio, en definitiva, un magistral duelo de palabras vestido por la inteligencia de un escritor con varias muescas en su cinturón y que además sabe y reconoce que su padre, el tipo duro que tiene frente a él es mucho más rápido y más letal, de hecho, las muescas de su cinturón son infinitas. Tengo que dejar de escribir. Por último hablaré de un libro delicioso. Su título es CALCETINES de la editorial BAMBÚ y su autor FÉLIX JIMÉNEZ VELANDO. Es un libro para niños mayores de ocho años, osea para todos, porque quizá el adjetivo delicioso se queda corto. Al abrirlo uno se sumerge en una historia sencilla que se adentra en lo cotidiano con una magia exquisita, como viajar un continente real y que a cada paso nos asalte un hermoso sueño. Sólo alguien con talento puede convertir un cuento de dos calcetines en un largometraje, película con metraje de piel y cosquillas, de las de siempre, las que te enseñan mostrándote la verdad serena, el inteligente humor y una galaxia de sentimientos. FÉLIX J. VELANDO no es nuevo en esto de las palabras. Lleva mucho tiempo haciéndonos reír y embelesándonos, ya sea con su narrativa o con su curro diario siendo guionista de 7 VIDAS, LAS NOTICIAS DEL GUIÑOL, FÍSICA Y QUÍMICA...Literatura con letras mayúsculas. Tengo que dejar de escribir
martes, 11 de diciembre de 2012
LA VARIEDAD DEL SILENCIO
Cuando atrapaba lagartijas, para medirlas y mal dibujarlas en
una libreta, esquivando las pegajosas siestas de agosto y poseído por esos
viernes de Félix Rodríguez de la Fuente, no imaginaba ni por asomo que vivía en
un país que siempre había estado en guerra consigo mismo. Un país que
arrastraba una historia de desastres, cainita y farandulero, casi siempre
gobernado por seres mediocres, sin altura política, quijotescos, goyescos y
bandolerescos.
En mi casa nos
alimentábamos de silencio, porque mi padre viajaba de noche y dormía de día y
mi madre no tenía fuerzas para hablar, porque trabajaba veinticuatro horas
diarias y besaba a sus cinco hijos con la mirada. Entonces empecé a leer, en
silencio, para abrir todas mis ventanas. La infancia se escapaba por los
párrafos y la verdad y la mentira luchaban para titular el final de cada libro.
Había más preguntas y más repuestas cuando mis padres retiraban los muebles del
salón para poder escenificar obras con un grupo que dirigían. Hacía poco tiempo
que había muerto uno de los hombres más crueles de nuestra historia, un
dictador que representaba todo aquello que más se puede odiar en el mundo. En
mi casa, como en muchas otras, la sonrisa de la libertad se hizo un hueco
presagiando que por fin este país podría estar a la altura de un pueblo
malherido pero con ansias de vivir. Ha pasado poco tiempo para que otra
dictadura sin rostro nos oprima. Nuestro enemigo no tiene un cuerpo que abatir,
es silencioso, como un cáncer que llena de metástasis a seres mediocres y
perversos para humillarnos y despojarnos de todo aquello que consiguieron otros
pagando más que con su vida. Nuestro enemigo tiene el corazón de ceniza y sus
podridos acólitos nos engañan cada cuatro años. Su trabajo es amasar fortunas
para disfrutar de un poder infinito, son
verdaderos psicópatas, cercanos a ese dios poideroso y castigador, que está en cada átomo y
que todo lo ve y todo lo juzga, tan cercanos como esa iglesia corrupta y
mentirosa. Sigo leyendo y preguntándome y no añoro la ignorancia de la
infancia. En todo caso lloro y respiro hondo, grito desde la afonía impuesta y
escribo para defenderme. Y me repito, todos los días, que lucharé con todas mis
fuerzas, desde el milímetro de mi existencia, para que este enemigo y sus
herederos no le roben ni la infancia ni el futuro a mi hija. Y lo haré convencido,
hasta las últimas consecuencias.
jueves, 22 de noviembre de 2012
SOMBRAS
La tarde es música callada,
tras la ventana, el mundo insiste en caminar.
Un día libre para escribir en la pizarra
me portaré cien veces bien,
pero una lengua enferma
lame rasposa mis entrañas,
me portaré cien veces bien,
me portaré cien veces bien...
Mañana venderé un guardián
entre el centeno y mentiré para ser otro.
¡Si supieran cuántos pecados tengo!
La luz se agota y anoto en un papel:
Nos arrolló la noche
con su camión de sombras.
tras la ventana, el mundo insiste en caminar.
Un día libre para escribir en la pizarra
me portaré cien veces bien,
pero una lengua enferma
lame rasposa mis entrañas,
me portaré cien veces bien,
me portaré cien veces bien...
Mañana venderé un guardián
entre el centeno y mentiré para ser otro.
¡Si supieran cuántos pecados tengo!
La luz se agota y anoto en un papel:
Nos arrolló la noche
con su camión de sombras.
sábado, 13 de octubre de 2012
Energía oscura
Necesitamos una física más allá
de las teorías actuales, me dices
mientras observo los imanes de la nevera.
Sería una revolución, matizas,
colocando las latas de cerveza
con el logo hacia afuera,
sin el plástico anillado
que ahoga tortugas indefensas,
así podríamos explicar la energía oscura...
Y pienso en 70 metros cuadrados de universo
y en esa física más allá de las teorías actuales
y en tu piel de pulidos átomos extendida
sobre blancas y galácticas sábanas...
¿Por qué me miras así? Preguntas,
y vuelvo a la realidad sin saber qué decir,
sólo puedo observar la geometría de la compra
y besarte.
de las teorías actuales, me dices
mientras observo los imanes de la nevera.
Sería una revolución, matizas,
colocando las latas de cerveza
con el logo hacia afuera,
sin el plástico anillado
que ahoga tortugas indefensas,
así podríamos explicar la energía oscura...
Y pienso en 70 metros cuadrados de universo
y en esa física más allá de las teorías actuales
y en tu piel de pulidos átomos extendida
sobre blancas y galácticas sábanas...
¿Por qué me miras así? Preguntas,
y vuelvo a la realidad sin saber qué decir,
sólo puedo observar la geometría de la compra
y besarte.
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